Confituras La Estrella: la fábrica de dulces más famosa de Cuba

Confituras La Estrella marcó generaciones de cubanos con sus chocolates y galletas. Conoce su historia, su auge y por qué todos la recuerdan.
Confituras La Estrella, fábrica histórica de chocolates y galletas en La Habana, Cuba
Confituras La Estrella: la fábrica de dulces más famosa de Cuba

¿Alguna vez alguien mayor te habló de un chocolate cubano con una nostalgia que parecía dolor? Pues probablemente estaba hablando de La Estrella. Esa fábrica que, para muchos habaneros, fue algo más que una empresa: fue literalmente el palacio de la infancia.

Y mira, no es exageración. Varias generaciones crecieron con sus galletas, sus bombones y esos caramelos que —según los que los probaron— no tenían comparación.

De una calle habanera al corazón de Cuba

La historia empieza el 21 de noviembre de 1881. Ese día, en la calle San Miguel número 117 de La Habana, abrió sus puertas lo que entonces se llamaba Chaverri y Compañía. Nadie imaginaba que ese taller de pan y galletas iba a convertirse, décadas después, en una de las industrias más importantes de la isla.

Los primeros años fueron sencillos: pan, galletas, dulces básicos. Pero el mercado pedía más, y la empresa respondió. En 1891 arrancó la producción de dulces en conserva. Y en 1900 —menos de veinte años después de nacer— inauguró una fábrica mucho más grande en la calle Infanta número 62, donde ya fabricaban bombones finos, galletas de calidad y una gama entera de confituras.

Ese fue el salto definitivo.

La empresa que se comió a su competencia

Aquí viene algo que la gente no siempre sabe: La Estrella no creció sola. Fue tan popular, tan bien recibida por los cubanos, que terminó absorbiendo a sus rivales. Compró marcas, unificó negocios y creó la Compañía Manufacturera Nacional S.A., con una gran planta en la Calzada de Buenos Aires.

Con los años, la empresa cambió de nombre varias veces —pasó por Vilaplana, Guerrero y Cía., y luego por Vilaplana, Calbó y Cía.— pero la esencia quedó igual: calidad constante, sabor reconocible, presencia en toda la isla.

Fíjate en este dato: llegó a tener casi cien camiones propios repartiendo productos por todo el territorio cubano. Para la época, eso era una logística enorme.

¿Qué hacía tan especiales sus productos?

Bueno, la respuesta corta es: maquinaria moderna más ingredientes bien trabajados. Pero hay algo más.

Cuando la empresa renovó su planta con tecnología actualizada, no solo aumentó la cantidad producida —también pudo diversificar. Eso significa más variedad para el consumidor, más consistencia en el sabor y mayor capacidad para exportar.

Sí, exportaban. Sus bombones, caramelos y galleticas llegaron más allá de Cuba. Eso en una industria local, en aquella época, era un logro nada menor.

La pasta de guayaba: un detalle que muchos olvidan

Hay un producto de La Estrella que casi siempre queda fuera de la conversación, y merece mención aparte: la pasta de guayaba.

Cuando la empresa se reorganizó en 1900, habilitó un departamento específico para producir 32.000 libras diarias de pasta de guayaba, envasada en cajitas de madera. Una golosina que, con el tiempo, dejó de ser un producto más y se convirtió en postre tradicional cubano.

¿Cuántas cosas que hoy consideramos "de siempre" empezaron así, en una fábrica con visión?

Los años difíciles y la resistencia

La crisis económica de los años 30 golpeó fuerte. La Estrella tuvo que vender sus activos a la Compañía Cuba Industrial Comercial, S.A., propietaria de La Ambrosía, y trasladarse a la planta de Cuba Biscuit, también en la Calzada de Buenos Aires. Fue un golpe duro.

Pero la fábrica no se rindió. Se reestructuró, compró maquinaria nueva y siguió trabajando de forma ininterrumpida. Ese es el tipo de resiliencia que no se improvisa.

En los años 50, una potencia sin azúcar

Para la década de 1950, La Estrella era la empresa número uno en su sector —confituras y galletas— en toda Cuba. Ocupaba el puesto 16 entre todas las industrias no azucareras del país por número de trabajadores, con más de 1.000 empleados en nómina y un capital de 2.280.000 pesos.

Sus ventas anuales rondaban los 4 millones de pesos. Para ponerlo en perspectiva: era una empresa que competía en tamaño con sectores mucho más pesados de la economía cubana.

La historia de La Estrella es, en el fondo, la historia de una Cuba que supo hacer bien las cosas antes de que todo cambiara. Sus chocolates ya no se fabrican igual, pero el recuerdo de quienes los comieron sigue siendo sorprendentemente nítido.

¿Tu familia recuerda algún producto de La Estrella? Cuéntalo, porque esas memorias también son historia.

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Por Pedro Alfonso Sánchez

Cortadito News – 12 de Junio del 2026


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