Adela Legrá: una voz que el cine cubano no olvidará

Adela Legrá, actriz cubana de Lucía, fallece en Santiago. Descubre su legado en el cine cubano y su impacto cultural.
Adela Legrá en el set de filmación de Lucía, película icónica del cine cubano
Falleció la actriz Adela Legrá


Se apaga la vida, pero no el legado

Hoy amaneció más triste el cine cubano. Adela Legrá, una de esas actrices que nacen una vez por generación, falleció en Santiago de Cuba. La noticia la confirmó Alexis Triana, al frente del ICAIC, desde un hospital donde perdió la batalla silenciosa que todos, tarde o temprano, enfrentamos.


No era una estrella de alfombra roja. Era algo más raro: una verdad en movimiento.


Sin estudios, pero con alma de cine

Nació en Guantánamo en 1939. Nadie la preparó para actuar: no tuvo maestros de dicción ni talleres de interpretación. Pero cuando Humberto Solás la vio, supo que tenía frente a sí el rostro que buscaba —uno que no fingía, que no posaba, que simplemente era.


¿Suerte? No. Era el momento justo, y ella, la persona justa.


Lucía: el papel que la inmortalizó

Una mujer contra el mundo

En 1968, llegó Lucía. Y con ella, el nombre de Adela Legrá se grabó en la historia. Interpretó a una mujer negra de los años treinta, atrapada entre el racismo, la pobreza y un machismo tan cotidiano como cruel. No gritó, no gesticuló en exceso. Bastaba su mirada.


Más allá de los premios

La película recorrió festivales de medio mundo, pero su verdadero triunfo fue otro: demostró que el cine cubano podía hablar de injusticia sin perder poesía. Hoy, cualquier análisis serio sobre cine cubano, raza o género, menciona su nombre. Y con razón.


Otras películas, mismo corazón

Después de Lucía, siguió trabajando. A su ritmo. En El Rancheador (1976), en El Brigadista (1977), en Aquella Noche Larga al final de esa década agitada. En los 80, prestó su presencia a Vals de La Habana Vieja. Y ya en el 2005, en Nada, de Cremata, volvió a recordarnos que no necesitaba muchos papeles: bastaba uno bien hecho.


Esto me trae a la mente aquellas tardes en el ICAIC… pero mejor sigo.


No fue prolífica, pero fue esencial

Pocos roles. Gran impacto. Adela Legrá nunca buscó fama, pero su figura creció sin esfuerzo, como las ceibas. Abrió puertas —muchas— para que otras mujeres negras, reales, complejas, tuvieran espacio en la pantalla.


¡Uf! Qué falta nos va a hacer su silencio elocuente.


Duelo nacional, eco continental

Desde La Habana hasta Madrid, pasando por Miami y Santiago de Chile, el mundo cultural lamenta su partida. No es solo nostalgia: es reconocimiento. Las autoridades del ICAIC ya anunciaron homenajes. Y los jóvenes cineastas, seguro, volverán a ver Lucía… y entenderán por qué aún hoy huele a verdad, como el olor a lluvia en una azotea del Vedado.


¿Logrará alguien repetir lo que ella hizo? Imposible.

¿Hace falta? Tampoco.


Porque Adela Legrá ya está donde pertenece: en la memoria colectiva del cine que no teme mirar al fondo.


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Fuente: cubadebate


Redacción: Cortadito News



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