Pánfilo ya no está: el hombre que se cansó de callar y pidió jama a gritos

Murió Pánfilo (Juan Carlos González). El cubano que pidió jama a gritos en 2009 falleció en El Vedado. Su famoso video sigue vigente.Historia completa

Pánfilo falleció: el cubano que gritó “¡Lo que hace falta es jama!” en 2009


Mira, a veces uno ve un video viejo y se le queda grabado. No por lo gracioso, sino por lo crudo. Eso pasó con Pánfilo. El jueves por la noche corrió la noticia: Juan Carlos González, el famoso “Pánfilo” de las calles de La Habana, había fallecido. Daisy Ortega, a quien muchos conocen como su hermana o segunda madre, lo confirmó sin rodeos: “Ha fallecido mi hermano Pánfilo”.

Yo me acuerdo cuando ese clip empezó a circular por todos lados allá por 2009. Un tipo en plena calle, sin guion, sin miedo aparente, soltando lo que miles pensaban pero nadie se atrevía a decir tan directo: “¡Aquí lo que hace falta es jamaaa, jamaaa!”. No era un discurso político elaborado. Era hambre hablando, pura y llana.

La cosa es que ese momento cambió todo para él.

¿Quién era realmente Pánfilo y por qué su grito caló tan hondo?

Pánfilo no era un activista profesional ni un disidente con organización detrás. Era un cubano más del barrio, de El Vedado específicamente, uno de esos personajes que la gente reconoce en la cuadra. Caminaba por ahí, vivía la misma realidad que el resto y, un día, explotó delante de una cámara.

El video se volvió viral rapidísimo. En una época donde internet todavía no era lo que es ahora en Cuba, igual llegó a todas partes. Y claro, el régimen no se quedó de brazos cruzados. Lo reprimieron fuerte. Lo metieron en el Hospital Psiquiátrico de La Habana, como si pedir comida fuera signo de locura. Fíjate qué forma más cómoda de callar a alguien: etiquetarlo de enfermo.

Pero en vez de doblegarse del todo, Pánfilo siguió. Pasó de reclamar solo la “jama” a señalar directamente a la dictadura y a sus figuras principales. Se convirtió, sin buscarlo, en un símbolo espontáneo del malestar que hervía debajo de la superficie. No sé tú, pero a mí siempre me ha parecido que esos personajes que surgen de la nada son los que más duelen al poder. Porque no los controlan.

¿Qué pasó después del video que lo hizo famoso?

Después vino lo predecible y lo triste. Presión, amenazas, internamiento. Su imagen se fue desgastando con los años. La vida en Cuba ya es dura para cualquiera; imagínate con el foco encima y el acoso constante. Carlos Espinosa Betancourt lo resumió bien en un mensaje que circuló: “Así quiero recordarlo, aunque en sus últimos años su imagen estaba muy golpeada por la vida y el alcohol. Fue un personaje querido y conocido en el barrio; muchos lo identificaban por su reclamo tan directo: ‘¡Aquí lo que hace falta es Jamaaa, Jamaaa!’ Descansa en paz, amigo Pánfilo”.

La verdad es que duele leer eso. Porque uno ve a un tipo que empezó diciendo lo obvio —que no había comida— y terminó convertido en un recuerdo borroso para algunos, mientras su frase seguía repitiéndose en memes, conversaciones y protestas silenciosas.

¿Por qué el grito de Pánfilo sigue resonando en 2026?

Mira, aquí viene lo que más me da vueltas. Han pasado más de 15 años desde aquel video y Cuba sigue enfrentando las mismas carencias de siempre. La falta de comida no es un problema del pasado. La falta de libertades tampoco.

Pánfilo no inventó nada nuevo. Solo lo dijo sin filtro en un momento en que muchos preferían bajar la cabeza. Y eso, precisamente, es lo que lo hizo inolvidable. No era un intelectual con teorías complicadas. Era el vecino que se hartó y lo soltó en plena calle.

Yo cuando veo estos casos pienso en cuánta gente habrá pensado exactamente lo mismo mientras esperaba en una cola interminable o miraba la nevera vacía. Pánfilo puso voz a eso. Y el precio que pagó fue alto: represión, psiquiátrico, deterioro personal.

¿Qué dice su historia sobre la Cuba de entonces y la de ahora?

La cosa es que su caso no fue aislado, aunque a veces parezca que sí. Muchos otros han terminado callados, presos o “tratados” por el mismo sistema que no tolera que se señale lo evidente. Pero Pánfilo se quedó en la memoria colectiva porque su forma fue tan directa, tan sin adornos.

Vivía en El Vedado, uno de esos barrios de La Habana que mezcla un poco de todo: gente de distintos niveles, pero todos respirando la misma realidad diaria. Allí era conocido. La gente lo saludaba por su frase, lo identificaba rápido. Era, a su manera, un personaje popular.

Ahora que ya no está, uno se pregunta qué queda. Queda el video. Queda la frase que todavía se repite cuando alguien quiere resumir el problema de fondo. Y queda esa sensación incómoda de que, en muchos aspectos, poco ha cambiado.

El legado incómodo de un hombre común

No voy a romantizarlo. Su vida en los últimos años fue complicada, golpeada por el alcohol y las dificultades. Eso también forma parte de la historia real, no de la versión pulida. Pero incluso con todo eso, su grito inicial sigue siendo potente porque tocó una verdad que trasciende ideologías: la gente necesita comer, vivir con dignidad y poder decirlo sin que la manden al psiquiátrico.

He visto amigos y conocidos cubanos recordar ese video con una mezcla de risa nerviosa y tristeza. “Ese era Pánfilo”, dicen. Y luego se quedan callados un segundo, como reconociendo que detrás de la anécdota hay una realidad que sigue pesando.

¿Vale la pena recordar a Pánfilo hoy?

Yo creo que sí. No porque fuera perfecto —ninguno lo es—, sino porque representó ese momento en que alguien decide dejar de fingir. Gritó por la jama cuando muchos callaban. Después denunció más cosas. Y pagó las consecuencias.

Su muerte nos recuerda que las voces que surgen de la calle, aunque sean imperfectas y rotas, a veces dicen más que los discursos oficiales. Y que en Cuba, lamentablemente, las mismas carencias siguen ahí: falta de comida, falta de libertad, falta de futuro para muchos.

Descansa en paz, Pánfilo. Tu “¡Jamaaa!” todavía retumba. Y mientras haya cubanos pasando hambre o miedo a hablar, va a seguir retumbando.

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Redacción: Cortadito News


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