Mira, a veces lees una noticia y se te queda clavada. Esta semana llegó la confirmación de que Maribel Batista Rodríguez, una cubana de 54 años, perdió la vida a manos de su expareja el 14 de marzo en el barrio Moscú de Manzanillo, provincia de Granma. No es un dato aislado. Es el tipo de historia que duele porque se repite, y porque detrás hay familias rotas y una realidad que muchos prefieren no nombrar con todas sus letras.
Yo he seguido estos temas durante años, hablando con gente que vive en la isla, y siempre me sorprende cómo la violencia machista sigue cobrando vidas mientras las cifras oficiales brillan por su ausencia. Las plataformas independientes, como el Observatorio de Género de la revista Alas Tensas (OGAT) y YoSíTeCreoEnCuba (YSTCC), fueron las que verificaron este caso. Y pidieron ayuda a la ciudadanía para completar detalles básicos, como cuántos hijos dejó Maribel. La cosa es que con los apagones y la desconexión constante, cada vez se hace más complicado armar el rompecabezas completo.
¿Qué se sabe del feminicidio de Maribel Batista Rodríguez en Granma?
Según los reportes de estas organizaciones, Maribel fue asesinada por su expareja en plena calle o cerca de su barrio. No hay muchos detalles públicos todavía, precisamente por esa dificultad para verificar en tiempo real. Las dos ONG publicaron un llamado directo: si alguien conoce más sobre el caso —hijos sobrevivientes, contexto familiar—, que se comunique. No es capricho; es necesidad pura en un país donde la información fluye a cuentagotas.
La verdad es que casos como este te hacen pensar en las mujeres de mediana edad que, después de una relación, siguen expuestas. No sé tú, pero a mí me impacta que a los 54 años, cuando ya deberías estar disfrutando de una etapa más tranquila, termine así. He escuchado historias parecidas de amigas de amigas en provincias del oriente: celos que no se apagan, amenazas que nadie toma en serio hasta que es tarde.
Feminicidios en Cuba 2026: ya van 13 confirmados en lo que va de año
Hasta el 25 de marzo de 2026, los observatorios independientes han documentado 13 feminicidios en la isla. Además, registran siete intentos de feminicidio y el asesinato de un hombre por motivos de género. Y eso sin contar los casos que todavía están bajo investigación: 11 posibles feminicidios de años anteriores, cuatro intentos y otro asesinato por razones de género, más cinco posibles en lo que llevamos de 2026.
Fíjate en los números porque no son solo estadísticas frías. Representan vidas reales, familias que se desmoronan. Desde 2019, OGAT y YoSíTeCreo en Cuba han verificado al menos 300 crímenes machistas. Trescientos. Y eso trabajando en un ambiente hostil: activismo criminalizado, fuentes oficiales cerradas y sin una ley que tipifique claramente el feminicidio.
¿Por qué los colectivos independientes insisten en llamar las cosas por su nombre?
Las autoridades hablan de “asesinatos por razones de género” o “violencia extrema”. Suena técnico, ¿verdad? Pero los observatorios dicen que hay que llamarlo feminicidio para dimensionar el problema y exigir soluciones concretas. Protocolos públicos de registro, una ley integral contra la violencia de género… cosas básicas que en otros países ya existen y aquí siguen pendientes.
Yo cuando leo estos reportes siempre pienso en lo mismo: si no nombras el problema, es más fácil minimizarlo. Y aquí la opacidad institucional juega un rol grande. El Estado no publica estadísticas sistemáticas, ni datos desagregados por edad, provincia o relación con el agresor. Esa falta de transparencia hace que sea imposible saber la magnitud real. ¿Cuántos casos se quedan en el subregistro? Nadie lo sabe con certeza.
¿Cómo funcionan los observatorios feministas en Cuba pese a las dificultades?
OGAT y YoSíTeCreo en Cuba mantienen líneas de acompañamiento, un mecanismo de reporte y verificación basado en denuncias ciudadanas, cobertura de medios y trabajo en el terreno. Su metodología es pública: verificación comunitaria, cruce de información, documentación. No es perfecto, claro, pero es lo que hay cuando las instituciones no dan la cara.
He visto cómo estos colectivos han crecido en credibilidad precisamente porque son transparentes con sus métodos. Publican los canales donde recibir alertas y explican paso a paso cómo confirman un caso. En un país con apagones frecuentes y acceso limitado a internet, eso requiere un esfuerzo enorme. La verdad es que a mí me sorprende la resiliencia de estas personas que, aun arriesgando represalias, siguen documentando.
¿Qué pasa con las víctimas y sus familias? El silencio y las dudas que quedan
En el caso de Maribel, todavía faltan datos sobre los hijos que la sobreviven. Imagínate: perder a tu madre de esa forma y ni siquiera poder contar con información clara. Esas lagunas no son menores. Afectan el duelo, la posibilidad de buscar justicia y, sobre todo, la prevención.
Muchas veces la gente se pregunta: ¿y si hubiera denunciado antes? ¿Sirve de algo? La realidad es complicada. El miedo, la dependencia económica, la normalización de ciertas conductas… todo juega en contra. Y cuando el sistema no ofrece protección efectiva, el riesgo se multiplica.
¿Vale la pena seguir confiando en los datos independientes?
Mira, yo he seguido el trabajo de estos observatorios durante años y, aunque los números duelen, prefiero tenerlos a no tener nada. En 2025 cerraron con decenas de casos verificados, y 2026 ya arrancó fuerte. El patrón más común sigue siendo el feminicidio cometido por pareja o expareja. Conocido de la víctima en la gran mayoría de los casos.
Eso no quita que haya otros tipos de violencia, contra adolescentes, adultas mayores… pero el núcleo sigue siendo esa relación de poder que se tuerce hasta lo letal.
¿Qué se necesita para cambiar esta realidad en Cuba?
Los colectivos lo repiten una y otra vez: registro público oficial, ley integral, protocolos claros de atención y prevención. Mientras eso no llegue, la ciudadanía tiene un rol clave al denunciar y al apoyar la verificación independiente. No es delito alertar sobre estos crímenes. Al contrario.
Yo no soy optimista de forma ingenua. Sé que los cambios estructurales tardan. Pero también sé que cada caso visibilizado genera conversación, presión y, con suerte, conciencia en más gente.
Si estás leyendo esto y conoces algún detalle del caso de Maribel Batista Rodríguez o de cualquier otra situación de violencia, considera compartirlo con los canales de OGAT o YoSíTeCreo en Cuba. Cada dato ayuda a completar el mapa.
Al final del día, estas historias nos recuerdan que detrás de cada número hay una mujer que tenía nombre, historia y derecho a vivir sin miedo. Maribel era una más. Ojalá no sigamos sumando nombres a esta lista.
¿Qué opinas tú? ¿Has visto cómo se maneja este tema en tu barrio o provincia? Me gustaría leer en los comentarios si has tenido alguna experiencia cercana o qué crees que haría falta para que las cosas cambien de verdad. Porque callarnos no ha servido de mucho hasta ahora.
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