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| Turista enfermo en hotel de Cuba: caso legionelosis |
Gary Cushnie tenía todo planeado. Vuelo reservado, hotel de lujo en La Habana, maletas listas. Y su pareja Julie al lado, claro. Lo que no tenía planeado —nadie lo tiene— era volver al Reino Unido directamente a urgencias.
Eso fue exactamente lo que pasó en junio de 2022.
La ducha que nadie debería ignorar
Gary y Julie llegaron al Iberostar Grand Packard, en pleno centro de La Habana. Hotel de lujo. De los que salen en las fotos bonitas de los catálogos de TUI.
Al llegar a la habitación, Gary usó la ducha. Algo no iba bien con el agua. El flujo era raro, irregular. Pero oye, estás de vacaciones, estás cansado del vuelo, no le das mayor importancia. Yo creo que la mayoría haríamos lo mismo.
Error.
Seis días después, empezó a encontrarse mal. Primero como un catarro, eso que al principio dices "será el cambio de clima, el aire acondicionado del avión". Pero fue a peor. Mucho peor.
De vuelta a casa… al hospital
Al regresar al Reino Unido, Gary fue ingresado en el Hull Royal Infirmary. Más de una semana hospitalizado.
El diagnóstico: legionelosis. La llamada enfermedad del legionario.
Si no la conoces, aquí va lo importante: es una infección pulmonar grave causada por la bacteria Legionella, y casi siempre aparece vinculada a sistemas de agua contaminada. Duchas, jacuzzis, torres de refrigeración. Ese tipo de sitios.
No es un resfriado. En personas vulnerables puede ser mortal.
¿Qué dice TUI y qué dice el hotel?
El bufete Hudgell Solicitors representó a Gary y señaló directamente al Iberostar Grand Packard como el origen probable de la infección, vinculándolo a las irregularidades en el sistema de agua que el propio turista reportó desde el primer día.
TUI, por su parte, confirmó que llegaron a un acuerdo extrajudicial con Gary Cushnie. Sin admisión de responsabilidad, eso sí. Que conste.
El hotel y la cadena Iberostar fueron contactados para dar declaraciones. No trascendió ninguna respuesta pública al respecto.
¿Qué es exactamente la legionelosis y por qué asusta tanto?
Bueno, pues aquí viene la parte que más me llamó la atención cuando leí el caso.
La Legionella no se transmite de persona a persona. No te la pega el vecino de habitación. Se inhala a través de pequeñas gotas de agua contaminada: el vapor de una ducha, el agua de un sistema de climatización, incluso una fuente decorativa.
Los síntomas empiezan como una neumonía cualquiera: fiebre, tos, dificultad para respirar. Pero se complica rápido si no se diagnostica a tiempo.
Y el problema está en que los hoteles con sistemas de agua mal mantenidos —tuberías viejas, temperatura inadecuada, poco control— son el ambiente perfecto para que esta bacteria crezca sin que nadie se entere.
Lo que este caso dice del turismo y los estándares sanitarios
Varios medios británicos recogieron la historia de Gary como parte de un debate más amplio: ¿qué responsabilidad tienen las cadenas hoteleras internacionales cuando algo así ocurre?
Y es una pregunta legítima. Cuando reservas un paquete vacacional a través de una agencia como TUI, hay una cadena de responsabilidades que no siempre queda clara para el viajero.
Cuba, como destino de alto flujo turístico internacional, ha estado en el punto de mira en este tipo de casos. No porque sea el único sitio donde ocurren —porque esto pasa en hoteles de todo el mundo— sino porque el caso de Gary abrió el foco sobre los controles sanitarios en instalaciones turísticas.
Desde hace años, las autoridades de distintos países exigen controles periódicos en los sistemas de agua de hoteles precisamente para evitar brotes de legionelosis. No siempre se cumplen igual en todas partes.
¿Qué debería hacer un viajero si nota algo raro?
Mira, sin caer en el alarmismo, hay cosas básicas que vienen bien saber:
Si llegas a tu habitación y el agua de la ducha tiene un comportamiento extraño —presión rara, temperatura inusual, color diferente— comunícalo inmediatamente a recepción. Por escrito si puedes.
Si días después de un viaje tienes síntomas respiratorios que no mejoran, menciona a tu médico dónde has estado y en qué hotel.
Guarda toda la documentación del viaje: confirmaciones del hotel, comunicaciones con la agencia. Si algo va mal, esos papeles son tu única defensa.
Gary Cushnie no sabía qué le había pasado hasta recibir el diagnóstico médico. Entonces fue cuando las piezas encajaron: la ducha, el agua rara, los primeros días en el hotel.
El acuerdo existe. Las dudas también.
TUI cerró el caso con un acuerdo económico. Pero nadie admitió nada. Eso, en términos legales y prácticos, significa que el debate sobre las condiciones sanitarias del hotel queda sin respuesta pública oficial.
Gary volvió a casa. Se recuperó. Pero estuvo más de una semana hospitalizado por unas vacaciones que deberían haber sido un recuerdo bonito.
La pregunta que queda en el aire —y que no tiene una respuesta fácil— es cuántos casos similares ocurren sin llegar nunca a los medios ni a los juzgados.
¿Has tenido alguna experiencia parecida en un viaje? Cuéntala. Estas historias, cuando se comparten, ayudan a que otros viajeros vayan con los ojos más abiertos.
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