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| Focsa: abandono, corrupción y ascensores rotos en Cuba |
Imagínate vivir en el piso 25 y no saber si el ascensor te va a dejar tirado a mitad de camino. Así es hoy, según pudo conocer el medio independiente 14ymedio, la vida dentro del Focsa, ese edificio que durante décadas fue el orgullo arquitectónico de La Habana.
No hace falta ser ingeniero para verlo. Basta cruzar el lobby, casi siempre vacío, o asomarse al garaje. Ahí están los techos desprendidos, las varillas al aire, la humedad comiéndose las paredes. Y sí, también la basura, amontonada en cuartos que deberían estar limpios.
Cansados de reclamar y no recibir respuesta, un grupo de residentes decidió romper el silencio y envió una denuncia anónima —por precaución, dicen— a la redacción de 14ymedio, señalando directamente a la administración del inmueble, a cargo de la Empresa Inmobiliaria Cimex S.A.
¿Cómo un edificio que factura un millón de dólares no tiene para reparar un techo?
Esa es, básicamente, la pregunta que se hacen todos. Según el documento al que tuvo acceso 14ymedio, los vecinos aseguran que el Focsa recauda más de un millón de dólares al año solo por renta de espacios y apartamentos. Y aun así, alegan que no hay presupuesto ni para lo más básico.
El contraste duele. Con sus 121 metros de altura y 36 pisos, el Focsa —ubicado en 17, entre M y N, en el Vedado— fue sinónimo de modernidad. Hoy, según quienes lo habitan, esa imagen "sobrevive apenas en la fachada". Los propios denunciantes hablan de "altos signos de corrupción" en la gestión.
Los ascensores: el problema que nadie resuelve
De los siete ascensores del edificio, solo dos funcionan con regularidad. Uno en el lobby, otro de servicio. El resto, prácticamente inservible.
¿Y qué pasa cuando hay apagón? Ahí es donde la cosa se pone fea de verdad. Sin combustible para el grupo electrógeno, varias personas han quedado atrapadas dentro de los ascensores, esperando a que el personal de seguridad las saque a la fuerza. Adultos mayores, niños, familias enteras en los pisos altos, todos expuestos a lo mismo.
Los vecinos ya propusieron una solución lógica: conectar los ascensores al sistema eléctrico soterrado del edificio para que no se detengan con los cortes. Falta ver si alguien los escucha.
Basura, incendios y extintores que no sirven
La pestilencia, cuentan los residentes en su denuncia recogida por 14ymedio, se siente en varios niveles del edificio. Y no es exageración: hace poco se incendiaron contenedores y pilas de basura que llevaban meses acumuladas en el jardín. Solo la intervención de los bomberos evitó algo peor.
Por si fuera poco, buena parte de los extintores no funciona y el viejo sistema contraincendios por bombas de agua estaría inservible. Súmale mala iluminación, falta de señalización y filtraciones en los garajes. Un cóctel de riesgos que cualquier inspector cerraría en cinco minutos, en cualquier otro país.
¿Dónde fue a parar el dinero de las reparaciones?
Aquí está, para mí, la parte más indignante. Los vecinos no solo hablan de abandono; hablan de inversiones que se hicieron y no sirvieron para nada.
El lobby remodelado hace más de cinco años: instalaron dos aires acondicionados que nunca se usaron, una cortina de aire que jamás funcionó y un televisor que se rompió sin que nadie lo tocara. Encima, cubrieron los espejos originales con planchas de PVC. El resultado: un salón vacío, sin estética ni uso real.
Los garajes, a finales del año pasado: pintaron la entrada, pusieron señaléticas de papel que se despegaron a los dos días, e instalaron barreras eléctricas mal hechas que el viento afecta y que los apagones dejan inservibles.
La supuesta reparación capital de los ascensores: se habló de una inversión millonaria para cambiar cabinas, motores, cables, botoneras y puertas. Al final, según los vecinos, solo cambiaron los cables y algunas piezas menores. Las roturas siguen igual. La pregunta se repite: ¿a dónde fue el dinero?
Garajes convertidos en almacén
Y hay más. Aunque el edificio tiene capacidad suficiente para los autos de sus residentes, parte del garaje fue convertido en almacén por decisión de la propia administración. Eso ha obligado a muchos vecinos a dejar sus autos afuera, en la marquesina, bloqueando zonas de paso que en una emergencia serían vitales. Y para completar, cobran aparte por las plazas de garaje a quienes sí las necesitan.
Lo que piden los vecinos
La exigencia es sencilla, aunque no la van a tener fácil: que se revisen las cuentas de la inmobiliaria y se comparen con las obras realmente hechas en el edificio. Los denunciantes, según recoge 14ymedio, aseguran que todo lo señalado puede comprobarse con una simple visita al inmueble y hablando con los propios residentes.
Al final, el Focsa termina siendo otra postal de la Cuba de hoy. Edificios emblemáticos cayéndose, administraciones estatales sin transparencia, reparaciones de cartón que no arreglan nada, y gente común aguantando apagones, basura y ascensores que un día sí y otro también te dejan colgado entre dos pisos.
Este reportaje se basa en información publicada originalmente por 14ymedio.
¿Vives en el Focsa o conoces a alguien que sí? Cuéntanos tu experiencia en los comentarios — este tipo de denuncias solo avanzan cuando se hacen públicas.
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Redacción Cortadito News
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