Este jueves, agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) detuvieron en su hogar de Florida a Abel Díaz Rodríguez —más conocido en los barrios y en los playlists como El Chulo—, en cumplimiento de una orden de deportación pendiente desde hace casi una década. La noticia, confirmada por fuentes cercanas a la investigación, sacudió las redes comunitarias cubanas, donde el nombre del cantante ha sonado fuerte desde los tiempos del USB compartido y los conciertos clandestinos en casas de Miami.
¿Justicia? ¿Castigo? Depende de quién cuente la historia.
Según el periodista Daniel Benítez, quien publicó detalles en su perfil de Facebook, el caso se remonta a 2016, cuando El Chulo fue condenado en Tampa por agresión contra un oficial y por intento de asesinato —delitos que, bajo la ley migratoria estadounidense, lo convierten en prioridad para la expulsión. Tras cumplir condena, obtuvo libertad condicional… pero nunca resolvió su estatus legal. Y eso, en este país, es como caminar sobre hielo delgado.
Un fantasma que ya había rondado antes
No es la primera vez que ICE llama a su puerta. En septiembre de 2018, el artista se presentó voluntariamente a una cita con oficiales migratorios en Miami y terminó tras las rejas durante varios días. Entonces, salió. Ahora, no está claro si habrá una segunda salida.
Esto me recuerda a cuando mi tío en Hialeah decía que “la ley te olvida hasta que te necesita”. Bueno, da igual. Lo cierto es que el sistema no perdona antecedentes penales, menos aún cuando hay armas de por medio.
¿Adónde va un cubano que Cuba no quiere?
Aquí empieza lo más enredado. Aunque El Chulo nació en la Isla, el gobierno cubano no acepta automáticamente a todos los deportados —especialmente si tienen récord penal. Si La Habana se niega, Estados Unidos podría buscar un tercer país dispuesto a recibirlo, una solución rara, sí, pero no imposible.
¡Uf! Uno pensaría que después de años construyendo una vida aquí —con seguidores, canciones y hasta polémicas— merecería algo más que un pasaporte sellado hacia lo desconocido.
La ciudadanía, pieza clave en operativos como este
Las autoridades destacaron que la operación se realizó sin incidentes, gracias en parte a la colaboración de vecinos y denuncias anónimas. En temas migratorios, la participación ciudadana sigue siendo un pilar silencioso, pero efectivo. No hubo persecución, no hubo gritos; solo un llamado, una verificación y una orden cumplida.
La investigación permanece abierta, y aunque el caso compete enteramente a jurisdicción federal, se maneja con discreción, tal como exige el protocolo del MININT en asuntos transnacionales.
Más que un arresto: un espejo del exilio
Para muchos en la diáspora, El Chulo no es solo un nombre en un escenario. Es la voz de una generación criada entre el desorden del reguetón callejero, los sueños truncados y las segundas oportunidades que nunca llegan del todo. Su detención no solo cierra un capítulo personal; también abre otro en el debate sobre quién merece quedarse, quién debe irse… y quién decide.
Mientras tanto, en las calles de la Pequeña Habana, alguien pone “Báilalo” en la radio. Afuera, el aire huele a lluvia —ese olor que siempre precede a los cambios, buenos o malos.
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Redacción: Cortadito News
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