Otra vez Rolando. Sí, el locutor cubano Rolando Zaldívar volvió a ser noticia, pero no por algo bueno precisamente. Lo agarraron en Miami con cargos de hurto menor y—agárrate—posesión de cocaína. La cosa pinta fea para este comunicador que alguna vez tuvo su momento en la radio.
Cómo se destapó todo este lío
Fue Alex Otaola quien tiró la bomba en su programa Hola! Ota-Ola (ese show donde siempre hay drama garantizado). Mostró la ficha policial completa del comunicador cubano, con foto y todo. Lo curioso es que la fianza fue de apenas 150 dólares. ¿150? Casi lo que cuesta llenar el tanque de gasolina ahora mismo. Algo no cuadra ahí, ¿verdad?
Hasta donde sabemos, no hay más detalles jugosos sobre qué pasó exactamente. La policía de Miami guarda silencio y nadie más ha salido a contar la versión completa. Pero bueno, tampoco es que necesitemos un documental de Netflix para entender que Zaldívar está metido en tremendo problema.
Y ojo, que esto no es nuevo para él. En 2019 ya lo habían arrestado—esa vez por violencia doméstica y asalto con arma mortal. Nada más y nada menos. Cuando aquello, el tipo anduvo pidiendo plata prestada para pagarse un abogado porque estaba más pelado que un coco.
De micrófonos a carpas bajo puentes
Lo más triste del asunto lo contó el mismo Otaola, quien aunque había tenido roces con el locutor antes, no pudo evitar sentir pena. Resulta que la última vez que alguien vio a Zaldívar, el hombre estaba viviendo en una carpa debajo de un puente en el downtown de Miami (¡imagínate la escena!). De ahí salió transformado—pero no para bien, precisamente.
"Las grandes transformaciones del mundo de las adicciónes", dijo Otaola con ese tono medio filosófico que le sale a veces. Y tiene razón el tipo, porque cuando la droga te agarra por el cuello, no te suelta así como así. Es como pelear contra una ola gigante—te arrastra aunque no quieras.
Lo que más me sorprende es cómo alguien puede caer tan bajo. Porque Rolando Zaldívar llegó a Estados Unidos en 2013 lleno de ilusiones, después de pasar un tiempo largo en México. Primero vivió unos meses en Houston (Texas), luego se mudó a Miami en 2014 buscando abrirse camino en el ambiente radial cubanoamericano. Y lo logró por un tiempo, ¿eh? Tuvo su público, su espacio, su voz en las ondas.
Cuando todo se desmorona como castillo de naipes
¿Qué fue lo que falló? Nadie tiene la respuesta exacta. Pero las adicciones son así—no preguntan si eres locutor famoso o barrendero. Te agarran parejo y te van hundiendo poquito a poquito hasta que te das cuenta que estás en un hoyo del que no sabes cómo salir.
Miami es una ciudad que puede ser hermosa y cruel al mismo tiempo. Tiene ese ritmo acelerado que o te impulsa hacia arriba o te destroza. Para alguien luchando contra demonios internos, puede convertirse en el peor escenario posible—como tratar de nadar con piedras amarradas a los pies.
Otaola dijo algo que me quedó dando vueltas: "Lamento mucho ver que gente que puede hacer otras cosas en la vida termine así". Porque claro, Zaldívar tenía talento. Sabía hablar, conectar con la audiencia, mantener un programa al aire. Pero todo eso se esfumó más rápido que hielo en pleno verano cubano.
Las redes ardieron (como siempre)
Obvio que cuando salió la noticia del arresto de Rolando Zaldívar, las redes sociales se prendieron fuego. Hubo de todo: algunos recordando cuando el tipo era bueno en lo suyo, otros echándole tierra encima sin piedad. La gente es así—cuando estás arriba te aplauden, cuando caes te dan patadas. ¡Uf!
Pero más allá del chisme y los comentarios crueles, aquí hay un ser humano que está pasándola muy mal. Alguien que seguramente tiene familia, recuerdos de mejores épocas y probablemente pasa las noches preguntándose cómo llegó hasta este punto tan bajo.
¿Se puede volver de ahí?
Esta es la pregunta que todos nos hacemos. Con antecedentes penales acumulándose como facturas vencidas y una fianza ridícula de 150 dólares (en serio, ¿por qué tan baja?), el futuro del locutor cubano luce bastante oscuro.
Pero bueno, también he visto casos donde la gente toca fondo absoluto y logra salir adelante—como el Tamagotchi que creías muerto pero revivía. Hay programas de rehabilitación, grupos de apoyo, segundas oportunidades flotando por ahí. El detalle está en si Rolando querrá agarrarse de esas cuerdas de salvamento o si va a dejarse hundir completamente.
Lo que otros deberían aprender de esto
Si algo nos enseña la caída de Rolando Zaldívar es que la fama y el reconocimiento son más frágiles que un vaso de cristal. Hoy estás en la radio llegando a miles de personas, mañana puedes estar literalmente debajo de un puente sin nadie que te voltee a ver.
Los comunicadores—y cualquier persona realmente—necesitan redes de apoyo fuertes. No solo cuando todo va bien y hay aplausos, sino especialmente cuando la vida te pega duro y sientes ese olor a lluvia que viene antes de la tormenta. Porque las tormentas llegan, siempre llegan, y necesitas refugio.
Este no es solo un caso más de "famosillo" que se estrelló contra la realidad. Es un recordatorio brutal de que detrás de cada micrófono, cada pantalla, cada noticia hay una persona completa con sus luchas internas. Y a veces esas luchas ganan la batalla, dejando solo escombros donde antes había una carrera prometedora.
Veremos qué pasa con este nuevo arresto. Si Rolando logra enderezar el rumbo o si esta es otra estación más en su descenso. Por ahora solo quedan preguntas sin respuestas claras y un sentimiento general de desperdicio—de talento, oportunidades y vida misma tirada a la basura por decisiónes que pudieron evitarse.
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Fuente: Hola Ota Ola
Redacción: Cortadito News

