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Remesas Miami a Cuba: cuánto envían y por qué no basta |
Mira, si vives en Miami y tienes familia en Cuba, ya sabes de qué va esto. El domingo por la noche, después de pagar la renta y el carro, te sientas a ver cuánto puedes mandar este mes. No es un lujo. Es la diferencia entre que tu madre coma pollo o se quede con arroz y frijoles una semana más.
Según los estudios de Denisse Delgado Vázquez y los reportes de The Dialogue junto al Instituto de Estudios Cubanos de FIU, el promedio que sale de Miami ronda los 2.165 dólares al año por persona que envía. Traducido a la vida real: unos 132 dólares cada vez, más o menos diez veces al año. La mediana baja a 1.200 dólares anuales. La mayoría de ese dinero se va en comida, medicinas y productos de aseo. Solo una minoría logra destinar algo a arreglar la casa o montar un negocio pequeño.
En 2024 la encuesta FIU Cuba Poll mostró que el 42 % de los cubanoamericanos del sur de Florida seguía mandando. Más del 90 % de todas las remesas que llegan a la isla vienen de Estados Unidos. El volumen total ha bajado respecto a los años anteriores a la pandemia y a las restricciones sobre empresas ligadas a GAESA, pero sigue siendo una de las principales fuentes de divisas del país, solo detrás de la exportación de servicios profesionales.
¿Cuánto necesita realmente una familia en Cuba?
Aquí es donde se pone feo. El salario medio oficial en 2025 llegó a 6.930 pesos cubanos al mes. Al cambio informal, que ha andado entre 340 y más de 400 pesos por dólar, eso son unos 15 o 20 dólares. El mínimo apenas pasa de 2.100 pesos.
Economistas independientes y quienes llevan el control de precios calculan que una sola persona necesita entre 50.000 y 96.000 pesos mensuales solo para lo básico: comer, higiene, alguna medicina y transporte. Una familia de tres o cuatro personas fácilmente requiere el equivalente a 200 o 400 dólares al mes para no pasar hambre y mantener algo de dignidad. La canasta alimentaria sola se come decenas de miles de pesos. El sueldo del Estado no alcanza ni para la mitad.
Sin remesas, muchas familias viven en pobreza extrema. Observaciones de derechos humanos ubican esa cifra en el 89 % de la población. Las remesas no son un complemento. Son el salvavidas.
¿Y cuánto le queda a un cubano en Miami después de enviar?
En este lado del Estrecho la vida tampoco es barata. Los salarios promedio para trabajadores de origen cubano o en oficios comunes de la comunidad se mueven entre 34.000 y 40.000 dólares al año en Florida y Miami. Eso son unos 2.800 a 3.300 dólares brutos mensuales.
Después de la renta (fácilmente 1.100 dólares o más por un apartamento sencillo), el seguro, el carro, la gasolina, la comida y los servicios, a muchos recién llegados les queda muy poco. Hay testimonios públicos de personas que ganan alrededor de 2.600 dólares netos y terminan con apenas 100 dólares de sobrante. Mandar 150 o 200 dólares al mes significa horas extras, menos ahorro y casi cero margen de error.
Los de segunda y tercera generación suelen estar mejor. Pero la carga real de las remesas cae sobre los recién llegados y, sobre todo, sobre las mujeres, que envían una proporción mayor de lo que ganan.
¿Quién se beneficia realmente de este dinero?
La cosa es que ese dinero no llega limpio a la mesa de tu familia. Una parte importante termina pasando por estructuras controladas por el aparato militar-empresarial: GAESA y sus empresas satélite como Fincimex u Orbit. Las sanciones estadounidenses redujeron el control formal del régimen, y eso empujó todo hacia canales informales más caros y riesgosos. Pero el Estado sigue ganando de forma indirecta: más demanda de dólares en el mercado informal, más movimiento en el sector privado que tolera y controla a medias, y una válvula que evita una explosión social mayor.
Las remesas sostienen a las familias. Y también sostienen al sistema. Mientras lleguen dólares, el régimen no tiene presión real para devolver la propiedad, permitir elecciones libres o abrir la economía de verdad. Puede seguir echándole la culpa al “bloqueo” y mantener la escasez planificada.
Yo he hablado con gente que manda cada mes y lo dice sin rodeos: esto no se arregla mandando más. Se arregla cuando el régimen se vaya. Cuando caiga el partido único, se restituyan los derechos básicos y se termine el monopolio militar sobre el comercio exterior y las divisas.
Mientras tanto, los cubanos en Miami van a seguir enviando lo que puedan. Con el corazón partido entre el amor a la familia y la rabia contra un sistema que convirtió su país en una cárcel de pobreza. Cada dólar que cruza es solidaridad. Pero también es el recordatorio de que la verdadera salida no viene por Western Union ni por “mulas”. Viene cuando el cubano de la isla pueda vivir de su propio trabajo, sin tener que pedir a los que se fueron.
¿Tú cuánto estás mandando este mes? Cuéntame en los comentarios cómo lo estás resolviendo.
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Por Pedro Alfonso Sánchez-Periodista Independiente · Redacción Cortadito News
Actualizado: 31 de Agosto del 2026 · Este artículo se basa en fuentes públicas verificadas al momento de su publicación.
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